Por una cabeza

Hoy, mi hermana cumple 15 años y se levantó llorando porque dice que vio a mi abuelo en la cara de Julito, el bebé querido que mi mamá se compró porque no tuvo hijos varones. No es que sea muy normal que uno vea la cara de otra gente en muñecos, pero es que mi abuelo acaba de morirse hace apenas 10 días.

Todo el mundo dice que la culpa de que mi hermana esté viendo cosas, la tiene el trauma de que le pasara todo esto justo diez días antes de sus quinceaños. Nada de fiesta, ni de vestido de princesa, ni de salón decorado con florecitas, ni vals, ni cuadrilla, ni mariachis. La ilusión de los 15 años ha quedado desvanecida.

El teléfono sonó la madrugada del 18 de abril. Era Jueves Santo, el día en que los devotos del Nazareno de San Pablo van a peregrinar a la iglesia de Santa Teresa. Mi abuelo era uno de esos devotos, y todos los años se ponía la bata morada que le hizo mi Tía Isabel y se iba a la iglesia a pagar quién sabe qué penitencia.

Mis tías dicen que esta vez se fue a ver al Nazareno en persona… lo dicen y se sueltan a llorar.

Yo tengo casi 12 años, es la primera vez que alguien de mi familia se muere y no entiendo nada. Lo único que sé es que cuando llegamos a casa de mi abuela esa madrugada, estaba ya amaneciendo y hacía un frío que no había sentido nunca. Un frío que me nacía desde adentro y me hacía temblar y chocar los dientes. Creo que tenía miedo.

Luego vinieron las lágrimas, la funeraria, ver a alguien en un ataúd por primera vez, la ausencia de la vida, el entierro, el chocolate caliente y el consomé de pollo. Los novenarios, la familia, los recuerdos, qué brille para él la luz perpetua, descanse en paz, amén.

La vida sigue a los pocos días. Ayer fuimos a casa de mi abuela y cada uno pudo llevarse un recuerdo de mi abuelo. Yo me traje una boina gris de cuadritos. Mi hermana no se trajo nada… total cómo se le va a olvidar esta muerte arruina cumpleaños.

La verdad es que nosotras casi nunca veíamos a mi abuelo. Antes de enfermarse, no vivía en casa de mi abuela y los únicos recuerdos que tengo de él son, uno del día de mi Primera Comunión que fuimos a visitarlo y no me dio dinero para mi bolsita, y el otro que ni siquiera es un recuerdo porque yo estaba muy chiquita, pero que mi mamá siempre cuenta, es que cuando mi hermana tenía como cinco años se le ocurrió salir a bailarle en pantis mientras se meneaba como Iris Chacón y mi abuelo le dio una nalgadota por hereje.

Así que hoy mi hermana cumple 15 años, y aunque no habrá fiesta grande, sí habrá una reunión pequeña y mi hermana se pondrá un vestido amarillo con puntitos negros.

Todas mis tías dicen que ya mi abuelo tenía listo el traje para bailar el vals con su nieta. Yo creo que por eso vino a visitarla esta mañana. Para pedirle disculpas y desearle feliz cumpleaños. ¿Qué le vamos a hacer? Se lo perdió por diez días. La muerte le ganó “Por una cabeza”, como dice el tango que tanto le gustaba a mi abuelo.

Comentarios

Anónimo dijo…
Claudia, que significativo que en uno de tus relatos hayas tocado el tema de la muerte y la infancia. Asi es como uno la ve a esa edad. No esta totalmente consciente de la perdida; uno se asombra ante esa primera muerte y esta a la espera, observa como sienten y actuan los demas. Por eso la ni#a se concentra mas en que la hermana no haya celebrado la fiesta de sus quince a#os. Gracias permitirnos recordar inclusive la muerte de una abuela, en mi caso, y la primera vez que vi llorar a mi papa.
Lillian
Claudia Cazorla dijo…
Hola Lillian.
En realidad este es un A vuelapluma, que por alguna razon no titule como tal. Cuando uno es peque#o, y vive en circunstancias donde la muerte no es el dia a dia, todo el mundo se transtoca, pasan cosas que en condiciones normales no pasarian, como ver uno a sus padres llorar.
Un abrazo,
Claudia

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