A vuelapluma

Aceite de hígado de bacalao


Mi mamá está convencida de que el aceite de hígado de bacalao es MUY BUENO para nuestro crecimiento. Por eso, todas las mañanas nos pone en fila a mi hermana y a mí y, con vista a los bloquecitos de ventilación de la cocina, se dispone a darnos una cucharada de aceite de hígado de bacalao.

Mi hermana lo vomita la primera vez que se lo dan. Yo pongo los ojos como lunas y se me empiezan a salir las lágrimas; pero mi mamá no perdona y le sirve una nueva cucharada a mi hermana. Yo espero aterrada. Mi hermana, después de las arcadas, se tapa la nariz y termina tragándose el líquido viscoso que huele a rayos y sale corriendo a cepillarse los dientes con tres kilos de dentífrico.

Veo la cuchara acercarse a mi boca, repito la pinza de nariz que mi hermana acaba de aplicar y me trago el aceite llorando a moco tendido.

Dos cepilladas no me bastan. El sabor, el olor, todo se queda pegado como un mal recuerdo.

Todas las mañanas se repite la tortura. Dentro de poco mi mamá empezará a notar que la pasta de dientes se está acabando demasiado pronto.

Un día, mi papá, creyendo que es pura exageración de nosotras, decide probar el aceite de hígado de bacalao. No se lo puede tragar.

Hasta ahí llega ese aceite, que es TAN BUENO, chica para los niños. ¿Has probado la Emulsión de Scott?

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