Paul Auster en Madrid, ¿en serio?


Hace unos días he estado pensando en darle al blog un giro distinto, así que pensé que un buen post para empezar era la visita de Paul Auster al Fnac del Paseo de la Castellana en Madrid. Lamentablemente, no duré en el tan promocionado acontecimiento ni siquiera media hora, así que lo que sigue no es ni una crónica, ni una crítica, es apenas una impresión más de que nuestros paradigmas están completamente desvirtuados y de que le hemos perdido el respeto al ser humano, e incluso a su creación.

Nunca he sido fanática de nada ni de nadie. Hay cosas que me gustan, incluso las hay que me gustan mucho, pero hasta ahora (y me imagino que a los casi 40 no me va a dar por ahí), nunca he sido de las que hacen colas de dos horas o más para pedir un autógrafo.

Quizás porque como periodista cubrí un montón de espectáculos y he visto y entrevistado a un montón de artistas y escritores, tengo la certeza de que por muy “importantes” que sean, no son más que seres humanos. Algunos con un talento extraordinario, por eso los admiramos, eso sí que hago, eso sí que me gusta, admirar la capacidad de los seres humanos para hacer lo que sea que hagan; sí que leo sus libros, sí que escucho su música o veo sus películas, pero no, hacer cola para una firma, no, eso no lo hago.

El evento se anunció con bombos y platillos: “Con motivo del lanzamiento de su último libro, ‘Diario de invierno’, Auster firmará en nuestro hall y lo vamos a recibir sumergiéndonos en la música, la gastronomía y la arquitectura de la gran manzana

En Madrid pasa una cosa. Parece que los encargados de escribir los textos de los espectáculos (hablo en general, no solo de este evento) son un poco grandilocuentes. Así pasa la mayoría de las veces, lees una reseña y te haces una idea de que la cosa va a estar genial y luego resulta que son tres gatos (o es algo muy malo). Así es, con frecuencia, la escena cultural de Madrid. Esta vez, sin embargo, cumplieron lo que ofrecieron, solo que se equivocaron de espacio, de público y de artista.

A las 20 horas del 23 de febrero, Paul Auster estaba dando una entrevista a puerta cerrada mientras que sus fans (no sé si sus lectores) hacían cola en el hall del Fnac para que les firmara el libro. Yo llegué a las 20:30, hora a la que en teoría empezaba el evento y era la primera persona que se ponía en la fila detrás de un cartel que ponía algo como: “DE AQUÍ EN ADELANTE NO PODEMOS GARANTIZAR QUE LLEGUE A LA FIRMA”.

Ya lo he dicho, no quería que me firmara, así que entré a la tienda a ver de qué se trataba la ambientación neoyorquina en la que tanto habían trabajado. Vale decir que hasta el sitio donde estaba el cartel calculaban que había 400 personas, la fila llegaba hasta Castellana y comenzaba frente a la mesa donde se sentaría el ídolo rock que sé que no es Paul Auster.

La gente, más bien entre los 30 y los 70 años, hacía la cola de pie leyendo el libro como adolescentes que esperan a Justin Bieber oyendo sus canciones en el iPod y bailando de vez en cuando para entrar en calor. Por fortuna no hacía ya tanto frío y se podía estar afuera. El tiempo de espera promedio era de dos horas, porque estaba planificado que Auster llegara sobre las 21.30.

Adentro la cosa no mejoraba. Esto era el hall de entrada de una tienda, nada más y nada menos. Habían colocado cintas, como en los parques de atracciones, para que la gente se organizara en la fila, las demás personas andábamos como perdidas. Transmitían la entrevista que se llevaba a cabo en ese momento por una pantalla que no se veía y a un volumen que no se escuchaba. Grandes estanterías mostraban mucha de la extensa bibliografía del autor, las paredes estaban forradas con imágenes del Empire State o del famosísimo skyline de la gran manzana y en el fondo, un cuarteto de jazz esperaba su turno para animar la velada. De vez en cuando pasaban personas llevando bandejas de lo que se interpretaba era comida neoyorquina. Me pareció haber visto donuts y pie de manzana…

Por cierto, aunque tenían otros títulos en inglés, Diario de invierno solo lo tenían en español y yo me prometí a mí misma nunca más leer un libro de Auster traducido. Espero que este esté mejor, pero cuando un hit de un juego de béisbol se transforma en “golpe”, ya entiendo porque hay lectores españoles que piensan que Paul Auster está sobrevalorado.

Decidí que no tenía nada que hacer ahí.

Yo cambió mil firmas por la oportunidad de ver al escritor que admiro leyendo un fragmento de su propio libro, aunque sea en un idioma que no conozco y alguien tenga que hacerle de intérprete. Escucharlo aunque sea media hora me aporta mil veces más que una firma en un libro (a menos que pienses venderla en e-bay, claro). Tener la oportunidad de preguntarle algo, de saber cómo mueve las manos cuando habla, o si mira a los ojos cuando responde una pregunta, es más importante para mí que la foto que voy a subir a FB al día siguiente, que además seguramente con las prisas (no olvidemos que hay 400 libros por firmar) saldrá movida y el momento pasará tan pronto que solo lo recordarás por la dichosa firma.

Tal vez al público le haga falta madurar. Tal vez Fnac les ha dado lo que querían y ellos tan contentos y yo tan desconcertada. No lo sé.

Quizás si hubiese sido Houllebecq, que es un personaje mucho más mediático, pues vale, pero hacer esto con Auster es como si le montaran el mismo circo, con jamón y paso doble a Javier Marías en Barnes & Nobles… no sé si me explico.

Yo, es que soy purista, hay que dejar un espacio descontaminado al menos para la literatura seria. Espero que a Auster todo el espectáculo le haya hecho gracia y que se haya ido pensando: Caramba, qué comprometidos son los españoles… o algo parecido.

P.D.: A Paul Auster lo vi hace algunos años en el Instituto Cervantes de Nueva York en una lectura. Espero que su voz cavernosa, sus manos huesudas y sus ojos saltones nunca se me borren de la cabeza. Ese día, que hablé con él y su esposa Siri Hustvedt de persona a persona, tampoco le pedí un autógrafo.

Comentarios

Anónimo dijo…
Siento que te pasara todo eso, si hubieras subido al auditorio- nadie lo impedía - habrías pasado a la salita donde V.M.F entrevistaba a Auster. Estuvo muy bien. Y el es genial, siempre lo ha sido. Ah, y además si estaba su libro en inglés, allí arriba.
Lo de las firmas éra otra cosa. Un saludo
Alvaro dijo…
Hola Clau, me ha gustado mucho tu artículo ó tu "apenas-impresión-más-de-que-nuestros-paradigmas-están-completamente-desvirtuados-y-de-que-le-hemos-perdido-el-respeto-al-ser-humano,-e-incluso-a-su-creación." :-)

Y siento tu decepción porque sé lo importante que era para ti. :-(

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